Pensemos que un 70% de nuestro peso corporal es agua. Pensemos, ahora, que una cuarta parte de ese agua está en la piel. Este órgano que nos recubre, nos cuida e intermedia con el exterior necesita especial atención respecto de la hidratación y, no es sólo un tema de belleza.
En la piel, el agua se reparte entre la dermis que es la capa más profunda de la piel encargada de recuperar el colágeno y la elastina; la epidermis, que cumple un papel plastificante, es la capa que se nutre de la dermis para recuperar el agua evaporada y, por último la capa córnea, una pared muy fina que une células y lípidos. De esta última capa no solo depende la apariencia y la belleza de nuestra piel, sino también la correcta interacción con el exterior. El tener una piel saludable y de buen aspecto, depende en gran medida de la cantidad de agua que tenga la capa córnea (que debe ser del 13%), cuando el contenido de agua es menor a este porcentaje, la piel se seca y se arruga.
Ahora bien, la deshidratación no solo se produce por factores internos (como nuestra herencia genética) sino también por elementos externos y, esto es de vital importancia. Los cambios en el medio ambiente influyen directamente en la piel: las variaciones en los niveles de humedad son los principales causantes de la deshidratación cutánea. En el día a día de nuestra vida podemos pasar de un nivel de humedad específico a otro distinto muy bruscamente (de casa a la calle por ejemplo) y en realidad la piel necesita aproximadamente dos semanas para absorber este cambio.
Por todo esto, debemos ayudar a la piel en su proceso para mantenerse hidratada. ¿Cómo?
Tomar agua. Es el hidratante por excelencia. Es conveniente ingerir al menos 2 litros de agua por día y aún más si hacemos deporte. También es bueno que el agua sea mineral.
Utilizar cremas hidratantes. Por la noche la piel intenta recuperar todo el trabajo que ha realizado en el día. Es ideal utilizar dos tipos de cremas: una diurna y otra nocturna. Además las cremas hidratantes aportan agua y tienen ceramidas y vitaminas que ayudan a reestablecer la hidratación natural.
Cuidar la exposición frente a cambios ambientales. No debemos exponernos al sol sin protección contra rayos UV.
Mascarillas y tratamientos hidratantes. La piel agradece enormemente las ayudas externas que podamos proporcionarle. Debemos intentar utilizar al máximo tratamientos y productos que actúan hidratando todas las capas de la piel.

